SPANISHCASTILLIAN

Peron:Testimonios medicos y vivencias

Book information

Publisher
Lumen
Year
2006
ISBN
978 987 678 567 9
Language
spanishcastillian
Format
PDF
Filesize
4 MB (4597235 bytes)
Pages
110\110
Time added
2014-12-05 14:54:26

Description

El libro fue escrito por dos de los médicos que acompañaron el deterioro fisiológico y muerte del General Juan Domingo Perón. Incluye las causas de muerte y relatos esclarecedores de circunstancias políticas, incluyendo detalles del gravísimo disgusto con Cámpora. No trae índice, pero sí fotografías de los documentos citados. El fragmento que sigue brinda una idea de su contenido:"El general Perón tenía un especial sentido del deber y sentía satisfacción enconcurrir a actos militares, o ligados a los trabajadores o a los gremios con los cualesél simpatizaba, por lo que no era fácil conseguir que evitara largas y desgastantesceremonias o reuniones, algunas a la intemperie.A fines de 1973, el general de brigada Leandro Anaya, comandante general delEjército, se reúne con Perón, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, por losascensos que se debían producir en esa institución. Perón tiene en sus manos la listaaportada por el general Anaya, pero también otra con distintas promociones,propuesta por los políticos. Le pregunta su opinión al general Anaya, quien leresponde: “Esta lista es la profesional, y esta otra, la política.” Inmediatamente, elpresidente rompe los papeles de la segunda propuesta y firma la del general.La propuesta puramente castrense respetaba más las jerarquías, las capacidades ylos antecedentes de los ascendidos. Con este gesto, demuestra una vez más que seguíasiendo militar. Esta anécdota nos la contó a mi padre y a mí el general Anaya,personalmente, unas semanas después.A partir de estos meses, la salud del presidente Perón se vuelve claramente máslábil, ya que del informe de los doctores Cossio y Taiana, del 24 de enero de 1974, sedesprende que tuvo algunos episodios de agitación nocturna espontánea (conocidosmédicamente como “preedemas de pulmón”) durante dicho mes, como así tambiénuna modificación del tratamiento llevado a cabo —pero no comunicada al doctorCossio, que estaba en Mar del Plata—, que luego hubo que corregir rápidamente porineficaz (v. Testimonio 6).Ya en ese informe se deja constancia de la importancia pronóstica negativa delavance de la enfermedad del presidente, como así también de la visita realizada por eldoctor madrileño Francisco Flórez Tascón, quien expresa estar de acuerdo con eldiagnóstico, el pronóstico y el tratamiento efectuados.Simultáneamente, corre el rumor de que el doctor René Favaloro había sidoconsultado sobre la salud del presidente Perón. Resulta esclarecedor leer la carta queel propio doctor Favaloro le envía el 29 de enero de 1974 al director del diario La Vozdel Interior, para aclarar la situación (v. Testimonio 7). En ella queda clara la posicióndel doctor Favaloro, que desmiente dicha especie y exalta la capacidad profesional deldoctor Pedro Cossio.Es importante señalar y recalcar que, en 1973, ya existía la cirugía derevascularización del corazón con puente aortocoronario, utilizando venas safenas delpropio paciente, como recurso para el tratamiento de la cardiopatía isquémica severacon angina de pecho, cuyo creador e impulsor fue el doctor Favaloro. Pero también sedebe dejar bien en claro que, por las condiciones técnicas de esa época, sólo seoperaban pacientes menores de setenta años, ya que el nivel de mortalidad en laintervención no la hacía recomendable para personas mayores de esa edad. Recién apartir de los años ochenta se comienza a operar gente mayor con un éxitoconsiderable.Por todas esas obvias razones, no se puede plantear un tratamiento quirúrgico de laenfermedad coronaria del presidente.En oportunidad de concurrir personalmente a Olivos, para realizar en esos días unode los periódicos electrocardiogramas de control que le practicaba —exactamente eldía siguiente de los sucesos de Azul, el 21 de enero de 1974—, pude advertir que elgeneral estaba sumamente impactado e impresionado por la inhumana y bárbaraacción perpetrada por los atacantes subversivos, que asesinaron fría y cruelmente aljefe de la Unidad Blindada de Azul, el coronel Camilo Gay, y a su esposa Hilda Cassauxde Gay. También secuestraron al teniente coronel Jorge Ibarzábal (asesinado diezmeses después). Al terminar el registro, le expresé mi preocupación por lo que estabaocurriendo. El presidente, semisentado en su cama, pasándose su mano derecharepetidamente por su negra cabellera, mirándome fijamente expresó:Doctor Cossio, al toro no se lo enfrenta cuando embiste, se lo voltea cuando yapasó.A las veinticuatro horas, Oscar Raúl Bidegain debía renunciar a la gobernación de laprovincia de Buenos Aires; y luego de tironeos, el 8 de marzo, Ricardo Obregón Canodeja la gobernación de Córdoba, ambos del ala izquierda de su partido.Sigue transcurriendo la vida del presidente Perón sin mayores sobresaltos de salud,aunque del informe de los doctores Cossio y Taiana —del 24 de marzo de 1974— surgeque su corazón empieza a tener cambios de ritmo que ya expresan un progreso, enciertos aspectos, de su dolencia conocida como enfermedad del nódulo sinusal osíndrome de bradicardia-taquicardia.Se insiste con los cuidados intensos que el general Perón debe tener (v. Testimonio8).Todo continúa sin grandes novedades no obstante el fuerte y negativo impactoemotivo que sufre por el altercado con la juventud montonera —el 1 de mayo de 1974—, que desencadena el retiro de los imberbes de la plaza.El 6 de junio viaja a Paraguay en visita oficial. Ya en vuelo a Resistencia, requiereTrinitrón, por sufrir dos dolores de angina de pecho. Durante el posterior traslado y enlos actos de los que toma parte está a la intemperie, en un día con llovizna y frío, conmás actividad física de lo que indicaba la prudencia.Vuelve a Buenos Aires y es principal actor y orador de su último acto político en laplaza de Mayo —el 12 de junio de 1974—, donde pronuncia un recordado discurso quees considerado como su despedida.A partir del día siguiente, recrudecen claramente, tanto en intensidad como enfrecuencia, sus dolores de pecho, lo que indica una reagravación de su enfermedadcardíaca arterial, su angina de pecho; pero todavía se la mantiene controlada con lamedicación habitual.La señora de Perón viaja el día 15 a Europa y, a partir del 16, los dolores del pacienteaumentan aún más su frecuencia.En la madrugada del 18 de junio ya presenta un dolor más intenso y persistente (v.Testimonio 9), y a partir de ahí los dolores son cada vez más seguidos. Da inicio asíuna etapa francamente peligrosa y grave de su enfermedad, a la que se suman unalaringotraqueobronquitis aguda y nuevos episodios de taquicardia paroxísticasupraventricular, controlables con compresión del seno carotídeo. Dado que tambiénel electrocardiograma ha empeorado, sus médicos prevén, en caso de recuperarse, unamayor limitación ulterior de su capacidad física.También, a través del coronel Corral, jefe de la Casa Militar, se informa a la señorade Perón y al ministro López Rega lo incierto de la situación, para que determinencuándo volver a la Argentina (v. Testimonio 9).Entre toda la documentación original que poseo, cuento con el cuaderno deenfermería, con anotaciones manuscritas, diarias, de todos los detalles del cuadromédico del presidente Perón: peso, pulso, presión, presencia o no de síntomas,medicamentos, algunos deseos del general, régimen de sueño, visita de ciertosmédicos, etc.; todo de puño y letra por sus enfermeras, desde el 24 de febrero hasta el29 de junio de 1974.En él escriben los doctores Pedro Cossio, Pedro Ramón Cossio, y Carlos Seara, lasenfermeras Irma, Susana y Carmen, en forma reiterada, y en pocas oportunidadesDelia, Norma o Giuditta.Si bien es una pieza incalculable del diario devenir del presidente Perón, sólo es útilcomo relato de detalles de su salud; por ello se hará entrega de él a quienescorresponda sean depositarios del material en forma conjunta.Hay una repetición cada vez más frecuente de los dolores, como así tambiénreaparecen la fatiga en posición horizontal (insuficiencia cardíaca) y los episodios detaquicardia paroxística repetitiva; y, en algunas ocasiones, se empieza a advertir, aldescansar, respiración periódica irregular (de Cheyne Stokes), que indica unempeoramiento general de la situación por insuficiencia cardíaca. A partir de la nochedel 26 de junio, se intenta conectar al presidente Perón a un sistema de controltelemétrico de su ritmo cardíaco, pero se opone enérgicamente y le ordena disgustadoal coronel Corral que le saquen todo, incluso un pequeño micrófono de altasensibilidad que tenía en su mesa de luz. Dos aspectos distintos originan estareacción; primero, todos los inconvenientes que el cuidado extremo causan en unpaciente enfermo; pero también, en este caso, juegan un papel importante la invasiónde su privacidad con el micrófono y el temor que le causaban los extraños, dadas lascircunstancias que vivía el país y que se percibían claramente desde su llegada; y conlo que pasaba era más que razonable.Desconectado de los aparatos, les expresa con energía al coronel Corral y al doctorCossio que ambos gozan de toda su confianza, por eso tienen las puertas abiertas de laresidencia, pero que ninguno de los dos le puede garantizar la fidelidad de tantas carasnuevas que ve a su alrededor; y, dirigiéndose específicamente al doctor Cossio, que éltampoco puede hacerlo de tantos médicos y enfermeras que los siete días de lasemana se turnan para cubrir el servicio de guardia que se ha montado para cualquieremergencia. Por eso expresa: “No quiero más gente a mi lado que no conozca bien.” Yse quejó específicamente de la kinesia respiratoria.El doctor Cossio le contesta: “Yo no puedo responsabilizarme, y ni siquiera tomar laresponsabilidad de la fidelidad o propósitos ocultos de los siete médicos del equipo deemergencia, como de las otras tantas o aún más enfermeras, pues no fui el que lossindiqué ni tampoco los traje, sino el doctor Salvador Liotta a cargo de la Secretaría deSalud Pública en ausencia de su hermano, el doctor Domingo Liotta, pordeterminación de su secretario José López Rega … Al contrario, en la reunión que tuvecon su señora esposa, su secretario y el doctor Taiana, para crear y organizar dichogrupo con el fin de mantener permanentemente un médico para cualquier situaciónde gran urgencia, me opuse con tanto énfasis a que fuera tan numeroso el equipo yque estuviera constituido por personal de un hospital privado, y no de organismosestatales, que justamente su señora esposa me dijo amable y cariñosamente: ‘Doctor,no se enoje, que todo se arreglará bien’” (palabras textuales tomadas de apuntes delprofesor doctor Pedro Cossio, en poder de su familia; v. Testimonio 13).Luego, el ánimo del general se serena, aunque vuelve a padecer dolores breves.Esto demuestra el grado de atención y control que el presidente Perón solía ponersobre los tratamientos, monitoreos, medicamentos y procederes que permitía o no sehicieran sobre él. Él expresaba a quién le tenía confianza y a quién no. Obsérvese que,en este caso, demuestra una total independencia de lo que proponía su secretario,López Rega.En la madrugada del 27 de junio, a la 1.30, lo despierta un intenso dolor, resistentea la nitroglicerina, bastante más prolongado y que fue pasando poco a poco. Seduerme, y a las 9.30 de la mañana lo despierta otro dolor, pero ya con intensasudoración, desasosiego y náuseas; en el electrocardiograma aparecen cambiosimportantes, por lo cual se piensa en un infarto subendocárdico extenso de caraanterior del ventrículo izquierdo, ya con enzimas elevadas por primera vez en estetiempo. También comienzan a elevarse la urea y la creatinina, por falla renal, a cifrasimportantes; esto es un presagio de que todo se complica aún más, hacia un desenlaceinexorable.Ese mismo 27, los doctores Cossio y Taiana le sugieren al ministro López Rega, yade regreso en el país, que dada la gravedad del cuadro se confeccione un parte médico.López Rega lo pospone para el día siguiente, pues entonces se produciría el regreso deEuropa de la señora María Estela Martínez de Perón. También ambos facultativosdeciden instalar, en la habitación contigua a la del presidente y sin consultarlo, elmonitor de control, debidamente vigilado por enfermeras de guardia y dos médicos delequipo de emergencia, excluyendo los dos que el general Perón, en presencia delcoronel Corral, la noche anterior había manifestado no querer.También desde ese momento se hacen presentes los doctores Domingo Liotta yPedro Eladio Vázquez, por disposición del ministro de Bienestar Social.El doctor Cossio ya había permanecido en la residencia, salvo el día 28, en que almediodía va por una hora a su domicilio en busca de ropa para cambiarse.Los dolores siguen repitiéndose, así como los episodios de agitación porinsuficiencia cardíaca, y se tratan con los medios disponibles en aquel entonces.Al volver a la residencia, el doctor Cossio es recibido por López Rega, que loacompaña prestamente hasta el cuarto del general Perón.El ministro le hace saber al presidente de dicha presencia destinada a aliviarlo delos accesos de fatiga, que ya eran más intensos y frecuentes. Además, le hace ver queel vínculo entre él (López Rega) y Cossio era de tono amigable.A las 13, tiene un edema agudo de pulmón, que genera una canalización por partedel doctor Seara y es tratado con los medios habituales; luego pasa el resto del día conepisodios de fatiga y dolores de pecho, pero afortunadamente esa noche descansa bienvarias horas, ya instalado en una cama ortopédica.Ese día llega de Europa la señora de Perón y, entonces, se emite el comunicadopúblico que expresa la gravedad del cuadro clínico del presidente.Ante la situación de salud de Perón, cada vez más precaria, el 29 de junio él mismodecide transferir el mando presidencial a la vicepresidenta, la señora María EstelaMartínez de Perón; pero también, por propia decisión y para dejarlo bien en claro parala historia de su partido y de la Argentina, decide, como último acto de gobierno de sumandato (y de su vida) previo a la transmisión del mando, aceptar la renuncia deldoctor Héctor J. Cámpora como embajador; y, para exteriorizar la contrariedad que lehabía causado su gestión, pide expresamente que en el decreto correspondiente deaceptación de dicha renuncia “no se agradezcan los importantes y patrióticos serviciosprestados”, como es de práctica.Así se hizo, y al firmar dicho decreto cerca del mediodía del 29 de junio, con sulapicera perforó el papel, que había sido apoyado sobre un almohadón blando. De estofue testigo presencial mi padre, el profesor doctor Pedro Cossio, que le alcanzó ycolocó el almohadón para la firma, y siempre mencionó lo impresionado que quedó alver la convicción con que Perón ejecutaba ese acto, tan enfermo.Con malas intenciones, distintas personas intentaron descalificar este decreto,aduciendo una firma de Perón distinta. Era más que lógico que ésta resultara así por elavanzado estado de enfermedad del presidente. Además, nadie falsificaría una firmacon una diferente (v. Testimonio 12).Continúa —los días 29 y 30— con cada vez más episodios de agitación porinsuficiencia cardíaca, síntomas de dolor por insuficiencia coronaria, e incrementopaulatino de la urea y la creatinina. El 1 de julio de 1974 ya resultaba evidente que loshechos se precipitarían, por la naturaleza del cuadro médico y lo complicado queestaba todo.A media mañana, comienzan a aparecer en el electrocardiograma paros cardíacostransitorios, que luego provocan que el doctor Carlos Seara le coloque un marcapasosendocavitario transitorio, que estabiliza la situación por una hora. Posteriormente,aparecen otra vez los paros, que requieren maniobras de resucitación con masajecardíaco externo realizadas por sus médicos.A las 13.15, luego de casi tres horas de masaje cardíaco externo infructuoso, seproduce el fallecimiento del general Juan Domingo Perón.Deseo dejar constancia de que los datos precisados a partir del 23 de junio de 1974han sido obtenidos de apuntes del profesor doctor Pedro Cossio, que están en poder dela familia (v. Testimonio 13).La historia de López Rega traspasando poderes a los pies de la cama es inexacta yconstituye uno de los tantos mitos contados en torno a la muerte de Perón.En ese momento terminaba toda una etapa de la vida política argentina del sigloXX.Finaliza así mi testimonio como partícipe de un año de salud del general Perón ycomo hijo de quien fue uno de sus médicos de cabecera durante ese año, el profesordoctor Pedro Cossio, quien me transmitiera muchas de las vivencias y experiencias"Puede contactarse al Dr. Antonio Sirino al correo crucero2007ARROBAgmail.com

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