Pedagogía progresista. Educación tradicional y educación nueva
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La pedagogía actual está dominada demasiado a menudo por compromisos vagos, sin principios estables. Los maestros tradicionales, es decir, la inmensa mayoría, no tienen confianza en lo que hacen. Abrumados por una avalancha de ataques y de críticas, que están lejos de ser siempre puros y desinteresados (¡Cuántos de sus detractores intentan edificar un sistema escolar paralelo, concurrente y más dócil ante los poderes establecidos!), se avergüenzan de sí mismos; por ello no se atreven a ser radicales en las exigencias de su institución, en sus dos aspectos esenciales: ejercicios metódicos y graduados, adaptados individualmente al caso particular de cada alumno; por otra parte, la comunicación con las grandes obras, los grandes logros, su presentación en clase, en el teatro, en el museo, bien sea museo artístico o museo científico o técnico. La enseñanza tradicional no es muy del agrado del Poder; desconfía de ella y orienta a los maestros hacia la nueva pedagogía. Los maestros se dejan persuadir de que la enseñanza tradicional constituye un terreno estéril, que no hay nada que buscar por ese lado y tratan de copiar tímidamente y de modo contradictorio la nueva educación. Por su parte, la nueva educación se ahoga ella misma y en cierto modo se degenera, al introducir subrepticiamente ciertos tipos de intervención del maestro.El prestigio de los nuevos métodos no ha decrecido; aunque (quizá haya que decir precisamente porque...) no hayan conocido más que aplicaciones muy limitadas, continúan estando en el horizonte pedagógico como una especie de ideal. Y por esto es más necesario que nunca preguntarse sobre sus presupuestos. Quizá se puede reprochar a nuestro trabajo el ser puramente teórico. Efectivamente, es un ensayo teórico, ideológico, un esfuerzo de clarificación ideológica. Y esto es lo que actualmente es de buen tono condenar en nombre de la práctica de las clases que hay que dirigir, o bíen de una vivencia inefable.Nuestra meta ha consistido en dar un contenido a la expresión que todo el mundo invoca como una fórmula de magia: pedagogía democrática.
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